26 agosto 2010

Palabras al borde. Por Roberto Bescós.






La sensación del borde, asomarse al borde de las palabras, de la respiración. Es lo primero que nos asalta al ir sumergiéndose en el tejido de la escritura de Smiths. Ocurre que cuando circulamos en un terreno tangible vamos determinando las sombras y la luces que en torno se reflejan pero con la dimensión sintáctica sólo podemos transitar sobre la cuerda en el lomo del abismo.

En el 2008 se produce la publicación de la primera edición de la obra "El Margen del Cuerpo", Editorial "Fuga" (Santiago), de Florencia Smiths. Ella nació en San Antonio en el año 1976, profesora de Castellano y licenciada en educación de la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso (2002). Anterior a la aparición de su primer libro ha publicado en diversas antologías de la poesía joven, como Antología Poética Universidad de Playa Ancha (2002), "El Mapa no es el Territorio", antología de la joven poesía de Valparaíso, dirigida por Ismael Gavilán (Edit. Fuga, 2007), Escrituras Públicas (Economía de Guerra, 2008). Ha participado además en innumerables encuentros y lecturas públicas de poesía.

Florencia en cierta oportunidad intentó definir el oficio solitario que acomete diciendo que "La poesía es la contradicción. Es la tristeza y la muerte, pero también el placer y el privilegio. Pero, tampoco creo que sea eso... Es decir, no quiero explicarme lo que es, no quiero hablarme... no puedo saberlo, no puedo comprenderlo". Es que se advierte en lorencia la preocupación de dilucidar su propio cometido transitando por posiciones que pueden traducirse por lo que expresa Malú Urriola: "No conozco más vida que esta de sentarme a escribir y no sé por qué me siento, y no sé por qué escribo, no sé por qué me siento y escribo, como una fatalidad escribo". En la ruta del escribir, esta cosa inútil, desesperada y maravillosamente inútil, la soledad. Margueritte Duras lo plantea: "La muerte o el libro".

Florencia Smiths sostiene su escritura pespunteando, titubeando magníficamente. Ella alude y elude, dice y no dice: "De pronto se encontró con las palabras. Estaban allí, en ese lugar que no suele darles, en esa construcción velada por no poder enmarcarse, por no saber los cortes, las distribuciones". Así empieza la trayectoria de un texto de factura simétrica y exploratoria en donde la autora le imprime a la escritura la intención del que relata a tientas, como rozando con la yema de los dedos los objetos, los signos, en este caso la punta del vestido de las palabras. Texto que al desmenuzar presentimos las claves que le alimentan, los desbordes, los balbuceos: "el ruido cortado que infunde el lápiz cada vez que se hace al margen".

El libro de Smiths es un especimen raro, limpio de giros que nada puedan significar, intransitando en el tópico, veraz por ende. En un estilo inusual, de elocuencia muda, con el titubeo como método, Smiths utiliza la grafía con pausas, detenimientos, echando el puente entre el decir y la articulación. Florencia discurre, se abre a una certidumbre ciega: "Cómo será - se pregunta - una vida de importancias, un aprender a escribir siempre por vez primera, analfabeta, ignorante, holgazana de su propia conciencia; vaciada, contenida, prohibida para asir".

Es interesante el rompimiento, el desempaquetamiento de las formas individualizadas como clásicas con las que son identificadas la poesía como poesía y la prosa como prosa. El interespacio, la posibilidad "técnica" de la ambigüedad como género es un rasgo en la escritura que maneja Smiths en su "inquietante libro", cometido que es halagueño para quienes nos disgutan los encasillamientos. Es lícito tal vez, con el temor de caer también en el círculo de las definiciones aventuradas, apuntar a que Florencia ensaya la poesía, es decir, "presiente las palabras que se avecinan".-

Publicado por Roberto Bescós, en Diario local EL ESPECTADOR.

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